Voy a iniciar este post describiendo brevemente que es el trauma:

El trauma es un impacto a la integridad física, que genera un estrés de tal intensidad que inunda al organismo y el sistema nervioso, dejando a la persona en un estado de impotencia, desesperación y terror.

Hace casi más de un siglo que todos los manuales de psicología y de psicoterapia han sugerido que por el hecho de hablar sobre los sentimientos de angustia estos podían ser resueltos. Sin embargo, desde hace algunos años se está observando lo difícil que es para las personas que han sufrido algún tipo de impacto traumático comunicar la esencia de su experiencia. Para ellas, es mucho más fácil contar lo que les han hecho que darse cuenta, sentir y poner palabras a la realidad de su experiencia interna.

El trabajo del psicoterapeuta corporal con el trauma va mas allá de la palabra, de la relajación muscular y del alivio de los síntomas. Su objetivo es reconectarnos en el presente.

Las personas traumatizadas suelen tener miedo a sentir. Actualmente el enemigo no es tanto la figura originaria que causó el impacto traumático, sino las propias sensaciones físicas. El miedo a quedar secuestrados por unas sensaciones desagradables hace que el cuerpo se congele. Aunque el hecho traumático sucediera hace bastante tiempo, el sistema nervioso, cerebro emocional, sigue generando sensaciones que hacen que la víctima se sienta asustada e impotente en la actualidad.

No es sorprendente que tantos supervivientes de traumas caigan en depresión y/o adicciones, coman y beban compulsivamente, tengan miedo a hacer el amor y eviten muchas actividades sociales. Se sienten crónicamente inseguros dentro de su cuerpo: el pasado sigue vivo en un estado interno de inquietud, incomodidad y/o ansiedad permanente. Su cuerpo se ve continuamente bombardeado por señales de alarma viscerales y en un intento de controlar estos procesos, suelen volverse expertos en ignorar sus instintos y en adormecer la consciencia de lo que está pasando en su interior. Logran aprender a esconderse de sí mismos.

 

No es sorprendente que tantos supervivientes de traumas caigan en depresión y/o adicciones

No es sorprendente que tantos supervivientes de traumas caigan en depresión y/o adicciones

 

Las personas traumatizadas se vuelven adictas a los diferentes tipos de drogas, medicamentos, alcohol, sexo, juegos… para adormecer y anular temporalmente las sensaciones y los sentimientos insoportables. Pero el cuerpo no olvida. Y si un organismo se queda bloqueado en el modo de supervivencia, sus energías se centran en luchar contra enemigos invisibles, lo cual no deja espacio para la crianza, los cuidados y el amor. Después del trauma nuestros vínculos más íntimos se ven amenazados. Si no somos conscientes de lo que nuestro cuerpo necesita no podemos cuidar de él ni cuidar de los demás.

Contar la historia de lo que nos sucedió es importante. Pero no garantiza que los recuerdos traumáticos lleguen a su fin. Sentir e identificar lo que nos pasa por dentro hoy, ahora, es el primer paso hacia la recuperación.

Como psicoterapeuta que trato a personas con un legado traumático, algunos que buscan como superar un trauma de la infancia, mi principal preocupación no es determinar exactamente qué les pasó, sino ayudarles a tolerar las sensaciones, emociones y reacciones que experimentan. Devolverles la vida a través de su cuerpo congelado. Esta comprensión del trauma es la que da la especificidad al análisis Bioenergético, como un modelo psicoterapéutico corporal profundo, en relación con otros enfoques terapéuticos menos efectivos. Las terapias cognitivas, que emplean la comunicación verbal con la intención de ayudar a entender y comprender la sintomatología y las terapias somáticas que facilitan el aflojamiento del dolor, no ayudan a regular la fuente de donde nace y se alimenta el impulso y/o carga emocional que hace sufrir a la persona.

Un tratamiento de psicoterapia integral necesita abordar las huellas físicas y psicológicas de los acontecimientos traumáticos.

En los próximos artículos describiré los diferentes tipos de traumas, así como las estrategias corporales, herramientas, que utilizo desde el enfoque del análisis Bioenergético para acompañar y ayudar a que las personas traumatizadas puedan aprender a integrar las experiencias somato-emocionales básicas, neurofisiológicas, y así recuperar el flujo natural de sus sentimientos y sentirse seguras, unificadas en su cuerpo y en sus relaciones con los demás.